Todas las luces apagadas y tú y yo seguimos gritando al teléfono.
Menos mal que llego tarde donde no me espera nadie...
Fuera está lloviendo.
Y dentro también; pero llevo tanto tiempo sintiendo el frío y la humedad en los huesos que apenas me doy cuenta.
Todo empezó cuando tú lo acabaste.
Sólo tu aliento sigue siendo capaz de darme más calidez que el propio sol.
Parece mentira que marchándote sin hacer ruido y sin que apenas se notara hayas dejado este caos detrás de ti...
Es como si todo hubiera dejado de girar, pero desmoronándose poco a poco.
Y yo estoy debajo.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Ruinas.
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